domingo, 26 de abril de 2015

Mont Everest, mon Everest


 
Domingo de nubes, a la espera del sol.  

Leo las devastadoras noticias de Nepal. Las réplicas han sido terribles y no menos espantosas que el temblor de ayer. Una, de 6,7 en la escala de Richter, provocó este domingo nuevos aludes en el Everest. Se deambula con el infierno en las pupilas.
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A veces la realidad nos desviste y nos deja a solas con eso que llamamos desde siempre fin de mundo.  

Recuerdo al poeta Acevedo y su Everest, para encontrar algún alivio: 

visito catacumbas iluminadas donde una ferviente resistencia se organiza…  

…invocamos en lenguas romances nuestros impulsos primigenios, entrañamos geografías remotas.  

Y en toda esta esperanza, este clamor, no hala sino el recuerdo de tu cima ardorosa, Everest mío. 

(Ángel Eduardo Acevedo, Mon Everest)

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Nepal es hoy el corazón del mundo.

jueves, 23 de abril de 2015

Una autorretrato para el Día del Libro


Retrato de Cervantes, por Juan de Jáuregui
 
Dos vueltas al parque y los turpiales. Vi cuando uno entraba al ramaje de un pilón, al noreste. Las del alba serían.
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El placer de leer el Quijote depara uno mayor: releerlo. También: vagar muchas veces por otros parajes cervantinos.  

Para recordarlo hoy, en su día, empiezo por su autorretrato. Está en un prólogo, uno de los más espléndidos que conozco: 

Este que véis aquí, de rostro aguileño, de cabello castaño, frente lisa y desembarazada, de alegres ojos y de nariz corva, aunque bien proporcionada; las barbas de plata, que no ha veinte años que fueron de oro; los bigotes grandes; la boca pequeña; los dientes, ni menudos ni crecidos, porque no tiene sino seis, y éstos mal acondicionados y peor puestos, porque no tienen correspondencia los unos con los otros; el cuerpo entre dos extremos, ni grande ni pequeño: la color viva, antes blanca que morena; algo cargado de espaldas y no muy ligero de pies. Éste, digo que es el rostro del autor de La Galatea y de Don Quijote de la Mancha, y del que hizo el Viaje del Parnaso, a imitación del de César Caporal Perusino, y otras obras que andan por ahí descarriadas y quizá sin el nombre de su dueño: llámase comúnmente Miguel de Cervantes Saavedra. 

(Del prólogo de las Novelas ejemplares, 1613)
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¡Feliz Día del Libro, del idioma y de Cervantes!

viernes, 3 de abril de 2015

Un político borgeano


 
Ocurrió hará unos 12 años. Entró a la librería. Saludó al dueño y al amigo con quien yo andaba y se fue directo al cafetín. No recuerdo si fue Juan Luis Mejía o el amable dueño de Biblos, quien me dijo, señalándolo: “Ese que allí va, político de izquierda, es el hombre que más sabe de Borges en Colombia”.  

Leí hace unos minutos que murió el martes pasado. Se llamaba Carlos Gaviria. Fue el gran presidente que Colombia no tuvo.
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(Borges sabe que los juegos de lo metafísico son solo eso: juegos estéticos que no conducen a la verdad sino a la gratificación. A la gratificación de esa misma naturaleza, a la gratificación que el hombre está exigiendo, más allá de su capacidad, de su idoneidad para conocer la verdad. Borges desconfiaba de la filosofía, yo diría, desconfiaba profundamente de lo que era su oficio, desconfiaba de la metafísica como proceso conductor generador de verdades. Creía en ella como juego encantador capaz de producir estados gratificantes, estados estéticos. Naturalmente quedaba una esperanza o queda una esperanza: que la belleza y la verdad sean una sola cosa. Pero, me parece, y creo que Borges también lo creía, que eso nunca podemos saberlo. CARLOS GAVIRIA). 

Honor a su memoria.
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P.S: Comparto un párrafo de la carta que William Ospina le escribió en el año 2006, cuando Carlos Gaviria fue candidato presidencial:  

A mí me gusta además la serenidad de su propuesta. Usted es un hombre elocuente, pero no lo atrae la oratoria tremendista que ya cumplió su papel en la historia de Colombia. Usted parece decirnos que es la hora de la fuerza tranquila, para refutar las prevenciones y los prejuicios, y para contrastar con todos los que creen que la violencia es la solución de nuestros problemas. Frente al actual presidente, irritable y autoritario, que siempre responde con una voz trémula, crispada y ceremoniosa, es importante que el discurso sea sereno, que no renunciemos a la firmeza pero tampoco a la cortesía, porque el colombiano, como decía Borges de los compadritos argentinos, aspira a la finura. Es proverbial nuestro respeto por el lenguaje, aquí se valora la elegancia de los gestos, y no hay mejor respuesta que la serenidad ante los energúmenos que todo lo manejan con rudezas e intimidaciones. Colombia debe aprender a ser una fuerza tranquila.