lunes, 7 de diciembre de 2015

Allegrezza


 

"...come un giorno d'allegrezza pieno/ giorno chiaro, sereno"
 (Leopardi)
 
Seis de la mañana y limpidez. En la mesa, un título: Historia natural de la alegría (Losada, Buenos Aires, 1952). Son poemas de Marta Traba. En uno de ellos, la poeta dice haber desatado el hilo enredado en la ventana, para alcanzar el principio del sol y constatar que es “la hora primera de la alegría”. 

Cuando hay entusiasmo para mantenerla, algunos la llaman "allegrezza". 

Ojalá perdure también en la memoria.

martes, 24 de noviembre de 2015

La fuerza civil de Rómulo Gallegos


 
Seis de la mañana. Al poner la fecha, lo recordé y busqué la cita. Fue un día como hoy:  

Por la plaza de El Silencio –del silencio y de la soledad esa tarde- por donde se me hizo pasar, tal vez para que recordara aquello de ‘así pasan las glorias del mundo’, atravesé en la mejor compañía: la de mí mismo, sin amarguras de tiempo perdido… Días después, un querido amigo mío terminaba su vida murmurando: ‘¡Lo dejaron solo, lo dejaron solo!”. 

Es Rómulo Gallegos, en una carta a Alberto Ravell.  

El gobierno legítimo, “respaldado por una inmensa fuerza moral, tiene plena confianza en que las Fuerzas Armadas leales cumplirán con su deber, manteniendo el orden y garantizando los derechos del pueblo”, había dicho el Secretario General de la Presidencia, Gonzalo Barrios, al mediodía de la víspera.  

Hoy, 24, se cumplen 67 años del día fúnebre (Liscano dixit) en que el presidente civil fue depuesto por los militares. Otro escritor, Antonio Arráiz, un barquisimetano inmenso, se iría del país en exilio voluntario. Habían vuelto los bárbaros.  

Aunque muchas veces esté sola, la fuerza moral de Rómulo Gallegos permanece. Hoy la recordamos.

domingo, 22 de noviembre de 2015

El "mundo fashion" y la blusa de Oaxaca


Susana Harp con la blusa de Oaxaca
 
Por unos enlaces que me pasó ayer Luisana, leo que la diseñadora de modas Isabel Marant registró como suya la blusa de Santa María de Tlahuitoltepec, que, además, de ser una pieza tradicional de la indumentaria de Oaxaca, representa un valioso signo cultural.  

Marant no sólo habría plagiado un diseño que es patrimonio colectivo, sino que también pretendería contraponer el registro de su marca, frente a los derechos que sobre tal indumento, detenta, in illo tempore, la referida comunidad mexicana. Merced a ese abusivo criterio de propiedad intelectual, elaborado varios siglos después de que la cultura oaxaqueña diseñara la hermosa cota, los artesanos de Santa María de Tlahuitoltepec, por carecer de “patente”, para seguir produciendo sus propias blusas tendrían que pagarle a Isabel Marant las correspondientes "regalías".  

De ser efectivamente así cuanto acá comento, la avilantez del “mundo fashion” habría sobrepasado todos los límites.  

Punto más o punto menos, lo cierto es que el caso ha provocado la justa reacción de los artesanos de Santa María de Tlahuitoltepec y debería generar también un debate que amplíe la difusión de las normas que el derecho internacional ha venido aprobando en las últimas décadas para proteger el patrimonio cultural tangible e intangible, aparte de aquellas orientadas específicamente a salvaguardar a los pueblos indígenas.  

Desde hace poco menos de una década está vigente la Convención sobre la Protección y Promoción de la Diversidad de las Expresiones Culturales, de cuyos preceptos no están excluidos ni Francia ni México. Uno de sus lineamientos establece que, con independencia de su lícito aprovechamiento económico, los bienes de la cultura son bienes del espíritu y no simples mercancías. Todos, incluidos los diseñadores franceses, deberíamos saber que el ámbito de la cultura y sus productos auténticos, no es el de la Organización Mundial del Comercio ni el de los tratados o acuerdos de intercambio mercantil.  

De suyo, ya es irritante que alguien copie con descaro, o que, sin copiar, no indique las fuentes de su presunta “inspiración”. Más lo es alegar uso exclusivo de un diseño plagiado, por haber tenido la pícara “precaución” de registrarlo. 

Por encima de esa “astucia”, hay algo que subleva más: el desconocimiento que existe acerca de los avances -no tan recientes- de los derechos culturales. Las normas para hacer valer la blusa de Oaxaca, como patrimonio de Santa María de Tlahuitoltepec están ahí. Ojalá este caso sirva para activarlas y se produzca un sólido precedente en la defensa de las muchas culturas, vivas y diversas, que existen en el mundo.

sábado, 14 de noviembre de 2015

Árbol de la libertad


Delacroix

Después de sembrarlo y de ponerle al árbol una gorra jacobina, los jóvenes cantaron dos veces la famosa canción del capitán Rouget: la Marsellesa. Antes de hacerlo en la traducción del menor del grupo, la cantaron en el idioma original. La escena es legendaria. Corresponde al 14 de julio de 1793, en Tübingen. Los jóvenes se llamaban Hegel, Hölderlin y Schelling.  

Hoy, en medio del dolor y de la indignacion, para decirlo con palabras de un admirable mexicano: todos somos contemporáneos de ese gesto.
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miércoles, 26 de agosto de 2015

El compositor del "Borges"

Daniel Martino y Adolfo Bioy Casares. Foto tomada de la Revista Ñ. Clarín

Nadie lo vio llegar al homenaje unánime, pero muy pocos ignoran ahora su importancia, aunque todavía siga siendo un nombre en las pequeñas letras del libro grande. Ni el autor, ni su vocero, ordenaron la obra. El material, que estaba ahí, en el diario de Bioy, esperaba por alguien que le diese forma. Dársela era otro modo de crearlo. En todo caso: de componerlo. El compositor se llama Daniel Martino.  

Un día me dijo Romano, en La Biela, frente al gomero, que Martino “sabía de todo y lo había leído todo”. Con seguridad, nada de lo escrito por Bioy Casares le es ajeno. Es su albacea literario y fue su aistente desde 1985. ¿Quién si no él podría componer el Borges, ese libro descomunal, en más de un sentido. Tan inmenso, que requiere de atril para su lectura, y tan raro, porque uno sabe si es la novela Borges de Bioy o el diario de Borges llevado por su amigo. Son 1600 páginas de las que no queremos despegarnos, aunque nos querellemos con algunas. Por cierto, Martino anunció una nueva edición corregida. ¡Y aumentada! 

Tal vez con Borges se inicia un nuevo género. Lo cierto es que no pertenece a ninguno de los conocidos. Decir que es una selección del diario personal de Bioy Casares es decir sólo una parte de la curiosa verdad que atesora. Conozco a alguien que tiene un extenso repertorio de chistes “borgeanos” sacados de ese libro. Oírlo divierte, pero también puede llegar a confundir, porque sus comentarios son apenas una añagaza para invitar a las páginas del “monstruo”, que, desde luego, contienen mucho más que un campo minado de burlas (y de veras). Cuentan que Sergio Pitol y Carlos Monsiváis, cuando lo estaban leyendo, se llamaban todas las mañanas para comentarse con fruición lo que habían encontrado en su lectura. No es nada difícil imaginarnos ese deleite compartido de los mexicanos. A todos nos pasa. Recuerdo lo mucho que celebré con un amigo la presencia de la señora Bibiloni como personaje de ficción en Borges, sobre todo, cuando dijo un día que ella “no era una persona frívola”, porque “lo único que le interesaba era el dinero”. O la imagen de Borges, cegato, moviendo una taza de café frente a la elegante Emita Risso Platero, quien, con traje de diseño, y temblando, le dijo: “Georgie, una sola gota de café sobre Marcel Rochas y te mato”. En fin… otras añagazas, sin olvidar aquellas muy útiles para estudiosos de la cultura, como las que encontró Horacio González, actual director de la Biblioteca Nacional de Argentina y que le han servido como valiosos testimonios para entender la historia de la institución que preside...
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Esta mañana recordé a Daniel Martino no sé por qué. Lo cierto es que busqué la reedición borgeana de Biblioteca Ayacucho (2005) para leer algunas de sus estupendas notas sobre los cuentos allí incluidos. Fui directo a las de Las ruinas circulares (de allí la primera frase de esta anotación) y encontré que para Martino la frase “el hombre taciturno que venía del Sur” es una alusión a un poema de Carlos Mastronardi. El poema es “Últimas tardes” y tiene este verso: “La alta mujer dolorosa/ venía del sur y estaba muerta”. Martino, acucioso, no se limita al vocativo. Da el nombre de la mujer y otro detalle. Era la escritora María de Villarino, que vivía en el sur (La Plata) y “de quien Mastronardi estaba enamorado”.

Curioso: también Mastronardi compuso un Borges. Lo hizo con apuntes tomados de las conversaciones que tuvo con su gran amigo.  

Nada, que Borges dio para todos. Y sigue dando.
 

lunes, 24 de agosto de 2015

La belleza



24-08-15: Dos vueltas al parque. Prendido en su rama, ministrar puede la copa Su Ilustrísima.
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“Le pregunté un día a mi padre –yo era muy pequeña- qué era la belleza, y él quedó en contestarme el siguiente fin de semana. Esperé ese día con verdadera ansiedad. Cuando llegó a casa me dio un libro pequeño, que aún conservo, lo abrí y vi una estatua. Me dijo que era La Victoria de Samotracia y que eso era la belleza. Yo, un poco desilusionada, le dije que no tenía cabeza Mi padre me preguntó con infinita paciencia que quién me había dicho que la belleza es una cabeza; me pidió que mirara los pliegues de la túnica, agitados por la brisa del mar: detener ese movimiento para la eternidad es la belleza”. 

Muchos años después, en la escalinata del Louvre, cuando ella contempló por vez primera La Victoria de Samotracia, fue como oír de nuevo la voz de su padre y lloró. De pronto sintió que la mano de su pareja le apretaba el brazo. Volvió la cabeza y lo miró. Lloraba.

Ella es María Kodama y él está hoy de cumpleaños.

lunes, 20 de julio de 2015

¿Dónde quedó la alegría de vivir?


Guillermo Sucre

El país y un poema de Guillermo Sucre:
 
La vida, aún

¿Dónde quedó la alegría de vivir?
La desaprensiva lentitud en el trato
y la clara mirada del orgullo,
la vislumbre del carácter y el destino,
la mano que sabía prohibir y consagrar,
los cuerpos que dan gracias al alma
y ágiles como la parra se enlazan
en las noches del placer y también
del dolor; todo lo que fue ceremonia,
frugal o generosa celebración ¿ahora
¿dónde está, bajo cuánto oropel
y odio y oprobio yace? ¿Hay seres
que aún vivan en la amistad del clima,
respiren el hálito de la tierra
cuando amanece, se bañen en el mar
como una purificación? ¿Es hermosa
aún la hermosura, se ilumina su rostro
en los días aciagos y lo amamos
con paciencia?
¿O solo hemos sido
sangre rencorosa, paciente sólo
para la insidia y el ultraje?
¿Conocimos alguna vez la pasión,
el conocimiento de su larga herida?
¿O apenas nos alcanzó el alma
para la astucia, el requintado
honor, la ávida vanidad? ¿Alguna
vez fuimos justos sin mediar
el escarnio? ¿Y entre tanto ahí
estaba el escarnio desesperado
en la miseria y piedad
no tuvimos, ni reverencia? ¿Y entre
tanto por todo lo que cuesta ser
hombre, apenas éramos venezolanamente
retrecheros?
O sólo fue falaz
la vida, y venal. Sólo ella no supo
ser austera, no se jubiló a tiempo,
ni siquiera tuvo tiempo de sacar
un seguro de vida. A todos
se prostituyó: era demasiado hermosa
o sólo quería dar placer,
o su ilusión. En el fondo, nunca
pensó que iría a morir. Ahora busca
refugio en la memoria, deambula
por jardines desolados creyendo
cifrar en la rosa o el jazmín que amó
el íntimo y desnudo destello
que la prendía al mundo. Se va llenando
de ruinas en la casa que cubre
la hiedra. Se da cuenta que ya no
cuenta, y limpia sus máscaras.
Ahora aprende a vivir de su único
rostro: su secreta agonía. 

(Guillermo Sucre. Abril-junio 1989. Fue publicado en la revista Vuelta, Nro. 159. Febrero de 1990)
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Ahora busco refugio en la memoria.

domingo, 19 de julio de 2015

El incierto futuro de la democracia



-¿Qué nos pasó?
-Nadie lo sabe, Turco, y por no saberlo, nos seguirá pasando.

Al anotar ese breve diálogo entre el Turco y su maestro Toto de Lima, se me ocurre decir algo que por obvio se nos olvida: el país se vino abajo porque estaba mal construido. Corrijo: no es obvio para todos. Muchos hilan en las nubes.

Ayer, por cierto, le referí a un amigo las lúcidas palabras de un político que, en su momento, seguramente no llegaron a suscitar mayor preocupación, ni siquiera en su entorno partidista más cercano. Ese político, que no era precisamente un “profeta del desastre”, expresó sin rodeos: 

La democracia venezolana tiene un pasado digno, pero un porvenir incierto, porque no ha descubierto la manera de ser fuerte frente a los vicios inherentes a nuestra comprometedora prosperidad financiera y a nuestras descuidadas tradiciones cívicas”.  

Es Gonzalo Barrios en 1977, respondiendo una pregunta de Alicia Segal para su libro La venedemocracia (Monte Ávila, 1978).
 
Sin duda, Barrios no hilaba en las nubes. 

martes, 7 de julio de 2015

Juan Liscano


 
En una vieja página de los 50, leo: 

En verdad ya nadie espera al poeta. Lo que la mayoría de la gente espera es la última máquina de muerte que haya sido fabricada, la última noticia chillada por la prensa, el último asesinato, el último récord, la última razón de odiar. Sin embargo, los poetas tenemos que seguir hablando.   
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En la “…tierra sola,/ pobre de sus riquezas, de sus oros”, en el “pobrísimo país de la Fortuna”, un poeta. 

Juan Liscano, quien dialogó con todos y a todos ofreció sus luces, hoy cumple cien años.
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Su poesía y sus ensayos, su labor crítica, sus polémicas, su Fiesta de la Tradición, conforman un valioso aporte intelectual a la cultura venezolana, que no deberíamos olvidar. Esa noble trayectoria quedaría incompleta si no mencionáramos también, en lugar destacado, su generosa obra de editor y no dijéramos las dos palabras que la encarnan: Zona Franca, revista que en sus tres etapas abrió puertas y caminos, con excelencia y sin mezquindades.

lunes, 29 de junio de 2015

Grecia


Capitel jónico en el Museo Arqueológico de Queronea
 
Seis de la mañana y unos versos famosos de Francisco Brines. Famosos en el sentido en que mi amigo Jesús Antonio Escalona usaba ese vocablo. También en el otro, claro:  

Yo te amé en Queronea. Vivos éramos.
Entre la pesadumbre derruida
un hálito mortal: éramos vivos.
Los siglos han pasado, y otros ojos
contemplan las ruinas, aún intactas.
¿Quién aquí transcurrió? Sólo el vacío
fue el tejido del tiempo en este llano.

Yo te amé en Queronea…
--

Después del magnífico poema de Brines, vuelvo al artículo de Argullol de hace tres años, sobre Grecia y Alemania, y copio este párrafo: 

Ahora, pesadilla. Claro está que el mundo es otro, y Goethe o Hölderlin no pueden competir con el veneno de los medios de comunicación que se llaman a sí mismos populares o con la sistemática ignorancia de los políticos. Tampoco, claro está, los griegos son —ni han sido nunca— aquellos magníficos habitantes que moran en los versos de Los dioses de Grecia. Pero no deja de ser curioso —y, en cierto punto, espantoso— que un mismo vocablo, lo “griego”, sirva en la universidad para aludir a lo mejor de las virtudes y en la calle, para resumir el más peligroso de los vicios.
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¿Cómo no ir ya al archipiélago del poeta de Suabia?:  

En las praderas de Colonos pastan/ de nuevo, pacíficamente, como antes, los caballos atenienses
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lunes, 8 de junio de 2015

Freddy Muñoz, in memoriam



Hoy me entero por Twitter de la muerte de Freddy Muñoz, valioso dirigente político de las últimas décadas del siglo XX en Venezuela. Junto a Teodoro Petkoff y Pompeyo Márquez integró la estelar trilogía fundadora del MAS. Si mal no recuerdo, Freddy era de Tucupido, Estado Guárico. Busco, en vano, semblanzas suyas en la red.
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Notable tribuno universitario. La primera vez que lo escuché fue una tarde en la plaza cubierta del Rectorado. Ese día Rafael Caldera había asumido la presidencia de la República, así que puedo asegurar que fue en marzo de 1969 cuando oí el discurso de Freddy, quien acababa de salir de la cárcel y llegaba a la UCV, con aureola de leyenda. Le presté la atención que demanda un hombre que sabe decir las cosas y, por supuesto, por el innegable atractivo de su figura política.
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Me pareció un estupendo orador, capaz de manejar  buenos y efectivos recursos para mantener el interés del auditorio. Se acercaba a cierto histrionismo, pero se detenía en el momento justo. Su mensaje anunciaba nuevos tiempos y cambios en las formas de lucha. Dibujaba, de algún modo, lo que dos años después sería la línea de acción del MAS. Pero eso, quienes formábamos la mayoría del público, ni lo imaginábamos. A sabiendas de que sus palabras podían causar desconfianza en algunos, dijo algo que nunca se me olvida:  

“¡Qué derechista se ha puesto el camarada Freddy! podrían estar pensando algunos. Yo les respondería: ¡qué derechista se puso el camarada Lenin cuando, en plena construcción de su partido,  planteó la necesidad de la amplitud y la apertura!”.  

Debo haberle repetido esas magníficas palabras a mi amigo Baltazar Gutiérrez, quien, seguramente, me preguntó más por las cualidades del orador que por sus propuestas. Claro, sabía que yo también me había centrado en las primeras. Hoy, 46 años después, me detengo en “la amplitud y la apertura”.
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Freddy Muñoz supo estampar con dignidad su nombre en las luchas democráticas de Venezuela. Cuando se inicie entre nosotros el desolvido, se le hará el homenaje que merece.
 
Que en paz descanse.

sábado, 30 de mayo de 2015

Una lección


Manuel Azaña frente al tablero
 
Hablando de esta tragedia, el Turco Najul me recuerda una vieja recomendación de Toto de Lima, nuestro maestro: leer a Azaña. Se imagina a Toto como una especie de Garcés (lúcido personaje de La velada en Benicarló), en una mesa de la pastelería Natalia de la avenida Victoria, repitiéndonos un parlamento de la obra cimera de Manuel Azaña:  

Ninguna política puede fundarse en la decisión de exterminar al adversario. Es locura, y en todo caso, irrealizable. No hablo de su ilicitud, porque en tal estado de frenesí nadie admite una calificación moral. Millares de personas pueden perecer, pero no el sentimiento que las anima. Me dirán que exterminados cuantos sienten de cierta manera, tal sentimiento desaparecerá, no habiendo más personas para llevarlo. Pero el aniquilamiento es imposible y el hecho mismo de acometerlo propala lo que se pretende desarraigar. La compasión por las víctimas, el furor, la venganza, favorecen el contagio en almas nuevas. El sacrificio cruel suscita una emulación simpática que puede no ser puramente vengativa y de desquite, sino elevada, noble. La persecución produce vértigo, atrae como el abismo. El riesgo es tentador. Mucho puede el terror, pero su falla consiste en que él mismo ‘engendra la fuerza que lo aniquile y al oprimirla multiplica’ su poder expansivo”. 

Nos pedía Toto -recuerda el Turco- que no aplicáramos esas palabras de Garcés solamente al poderoso, sino que lo hiciéramos primero como autocrítica. De no hacerlo, podríamos pasar, de adversarios perseguidos por aquel, a  gendarmes de nuestros amigos, con las tristes consecuencias que esto supone contra nosotros mismos.  

Mal andamos si somos sectarios de una idea. Pero peor, si lo somos de una táctica”.  

Así concluía Toto su lección, recuerda el Turco.  

La unidad no es un artificio


Foto: Mario Olmos. Portada de La vida privada de los árboles de Alejandro Zambra (Anagrama, 2007)
 
Seis de la mañana y la brisita nupcial de la metáfora, como en aquel verso de Cintio que sigue el ritmo del aire y suavemente se detiene en la página.
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Merodean palabras como pájaros. Solo una se posará en la rama.
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La unidad está en la naturaleza y no es un artificio. Tras la contemplación y el silencio, la poesía se le aproxima y la recrea.
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Si le cuesta al poeta desde su austeridad, ¿cómo el hombre, escindido por ideologías y arrogancias, pretende encontrarla?
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“Hablan poco los árboles, se sabe”, dijo Montejo. Pero de que hablan, hablan y si dejamos que penetren en nuestras vidas, quizá podamos escucharlos.
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Por un epígrafe de La vida privada de los árboles, breve y bella novela de Alejandro Zambra, supe del poeta (también chileno), Andrés Andwanter, de quien leo ahora este poema:  
 
Nostalgias de cosas que no he vivido 
 
 Como la vida privada de los árboles
 (o de los náufragos): aferrado a estas palabras
 en el océano como una mesa
 cubierta de partituras, y un barco
 navegando en los ojos, escribo:
 una imagen absurda que se confunde
 con la nostalgia de cosas que no he vivido,
 como la vida privada de los árboles
 o de los náufragos.
-- 
 
 
Vuelvo al primer párrafo del libro de Zambra: 
 
Julián distrae a la niña con ‘La vida privada de los árboles’, una serie de historias que ha inventado para hacerla dormir. Los protagonistas son un álamo y un baobab que durante la noche, cuando nadie los ve, conversan sobre fotosíntesis, sobre ardillas, o sobre las numerosas ventajas de ser árboles y no personas o animales o, como ellos dicen, estúpidos pedazos de cemento.
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Iluminarse aunque sea un instante con las palabras y las cosas, es el oficio del poeta. Lo supo Ungaretti una mañana.

martes, 12 de mayo de 2015

Ortega y Gasset y la democracia


Los dos Ortega. El filósofo y el torero Domingo, toreando al alimón en Navalcaide


Tomo un libro de la biblioteca y busco unas páginas leídas hace mucho tiempo. Son unos párrafos sobre la democracia que he estado recordando estos días y que probablemente mi memoria ha erosionado un tanto. Los leo ahora con igual admiración, pero con menos aprensiones que la primera vez. Recuerdo que en esa oportunidad me querellé con el autor, no por sus reflexiones discutibles y espléndidas, sino por cierto retintín aristocrático que creí percibir en sus giros más punzantes. Pero el tiempo pasa y la relectura me permite ahora el deleite pleno al que antes me negué. Hoy puedo apreciar la faena completa sin que me incordien algunas frases deliberadamente encarnizadas contra el “plebeyismo”. 
 

Disfruto de las verónicas y de las banderillas a media vuelta, de los engaños, quiebros y pases de muleta, así como de la infalible estocada a toro recibido que pone fin a una página radiante. Sin duda, me gusta la tauromaquia literaria que este autor ejercía con estilo inigualable. Con ella podría dar por satisfecha mi sana exhumación bibliográfica, pero hay algo más. Hay una meditación política y social que me atrae por su intemporal beligerancia. Podría citar in extenso para compartirla con los lectores, pero tal vez sea más apropiado tratar de resumirla. Lo hago.
 

El autor escribe en 1916 y lamenta el descenso de la cortesía que Europa ha venido padeciendo. Se siente acosado por la indecencia, las discordias y los linchamientos. Valora y defiende la democracia, pero recusa la generalización brutal y automática de las barbaridades. Considera que tener iguales derechos no comporta haber alcanzado idénticas cualidades personales. Se adelanta en varios años a Enrique Santos Discépolo y escribe su propio Cambalache, porque está convencido de que no es lo mismo “ser derecho que traidor” y que nada mejor para la justicia que discurrir en el desafiante terreno de la diversidad. No pierde de vista la degeneración en que se puede incurrir cuando la democracia no está acompañada de un esfuerzo educativo que vaya más allá de las proclamas de que todos somos “educados”, “licenciados” o “doctores”. Sabe que la cultura no la otorgan los títulos y que las virtudes no se adquieren en las filas del sectarismo político. Percibe la crisis que adviene cuando la gente se percata de que los decretos de “felicidad” son ilusorios. Advierte, además, que el desengaño reforzará a los resentidos que no pueden adquirir ni talento ni sensibilidad ni delicadeza, por fuerza de resolución alguna. Los ve como periodistas, profesores y políticos, sin moral y sin luces, integrando con sus reconcomios funestos el Estado Mayor de la Envidia. La secreción de los enconos pasa a ser, según nuestro autor, lo que en su tiempo llamaban “opinión pública” o lo que algunos estimaban como “democracia”.
 

Ortega, porque de él se trata, amonestó temprano a los fanáticos de todo pelaje. Sabía que de la intolerancia a los desmanes no había más que un paso y que la falta de discusión malogra los proyectos de cambio. Quince años después del referido artículo fue un entusiasta del proceso republicano, pero también una de las primeras voces críticas cuando la voluntad de no convivir encendió la refriega entre los suyos. Un día llegó a afirmar: “¡No es esto! ¡No es esto!”. Y lo dijo a tiempo. Lastimosamente nadie lo escuchó.
 

Puedo seguir estando en desacuerdo con Ortega en muchas cosas, pero declaro que cualquier similitud que alguien encuentre en las líneas anteriores con algunas realidades actuales, no es pura coincidencia.
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(Rescato este artículo de hace cinco años, porque el pasado 6 de mayo Teodoro Petkoff recibió, por su trayectoria periodística, el prestigioso Premio "Ortega y Gasset". Mucho tiene que ver esa distinción con lo que Ortega dijo acerca de la "democracia morbosa", comentada en las líneas que anteceden. 

Teodoro no pudo ir a retirar el premio pues sobre él pesa una prohibición de salida del país, dictada dentro de un insólito proceso judicial que en su contra inició el presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela, en una de las muchas muestras de acción fanática y sumaria que ha sufrido el país en estos tiempos.

La valentía y la calidad que Teodoro le ha aportado a la prensa libre venezolana durante los últimos quince años, fundadas en una vida dedicada a la lucha por la democracia en Venezuela, fueron razones fundamentales para el reconocimiento. El ex presidente español Felipe González lo representó en la ceremonia y Mario Vargas Llosa hizo sobre él una vibrante y certera semblanza. Creo que esas intervenciones fueron, de alguna manera, significativas rúbricas del oportuno y justo premio.

El "Ortega y Gasset" de este año, no sólo le hizo honor a su epónimo. También comportó un vigoroso aliento a la resistencia democrática en Venezuela)

martes, 5 de mayo de 2015

La veneración de las astucias


Juan Nuño. Foto de Jaime Ballestas. Cortesía de Ana Nuño
 
El tenaz sindicato de lectores anti-Nuño, que acostumbra expresarse mediante irritadas cartas al diario El Nacional, tiene ahora la oportunidad de su vida: un blanco de casi trescientas páginas con abundante tela que cortar, denominado borgeanamente La veneración de las astucias (Monte Ávila Editores, 1990). En él encontrarán los citados agremiados material propicio para ejercer su oficio predilecto: disparar contra el filósofo y rescatar de sus garras –su pluma- algunas creencias heridas, ciertos ídolos ofendidos y una que otra ideología lacerada. No es permisible para esa aguerrida corporación nacional la impunidad del iconoclasta que suele despertarlos de algún bello sueño o tirar de la mullida alfombra que pisan desde siempre. Si algo caracteriza a los integrantes del (co)mentado sindicato es la persistencia en la carencia absoluta de humor. Ni una pizca de él, menos para reírse de sí mismos. Nada que los distraiga de la seriedad “académica” o de los férreos “principios” seculares. Nuño los saca de sus casillas (a las que terminan tozudamente por volver), no sólo porque escribe lo que escribe, sino porque, además, lo hace con gracia, con brillo expresivo impropio de los profesores de filosofía, casi siempre secos y acartonados. 

La veneración de las astucias es una invitación a pensar. Tal como su maestro García Bacca afirmó en el prólogo del delicioso Elogio de la técnica, para unos resultará un aperitivo y, para otros, un insulto. Como todo libro escrito con inteligencia y agudeza, éste de Nuño es capaz de sacudir, de agradar, de seducir, de provocar y de dejarnos inermes ante algunos mitos.  

Un filósofo que vuelve su mirada crítica al mundo cotidiano, no puede resultar anodino para ningún lector. Se le rechaza de entrada, para terminar doblegado por su lucidez o se le acepta desde el primer momento para disfrutarlo, aunque en algún momento sintamos distancias menores con su pensamiento. En todo buen lector quedará el sabor inconfundible de una prosa que no nos da cuartel y que nos trata como si nosotros también fuéramos Nuño, detalle nada insignificante que debe agradecérsele. 
 
Lejano eco del nombre de la rosa y Ortega invertebrado son dos muestras de letal escritura, a través de la cual se desmonta un culto de hogaño y se derriba la vieja tradición encantatoria de un mecánico orteguismo. Creo que no es tanto la disección minuciosa empleada en los textos mencionados, sino el modo de demolición, mediante incisiones efectivas, lo que resulta suficiente para el desplome de las supersticiones atacadas. Así, celebro, por ejemplo, una frase como esta: “…gracias a Kafka por no parecerse ni por asomo al insufrible Brecht, tan directo, tan lleno de didácticos y liberadores mensajes”. 

Pienso que no es el admirable arte de injuriar, tan exaltado por Borges, arte oblicuo, semioculto o torvo, sino el dardo directo, certero, casi inclemente el que maneja Nuño. La víctima pasa a ser otra, aunque no deje de ser tan bueno como dramaturgo ni empeore ni mejore como libretista de telenovelas, tal un caso reciente no incluido en el libro y que nos toca más de cerca que Brecht. El receptor del dardo, digo, se torna otro, porque cesa la veda en torno suyo. Nuño nos ha recordado que es mortal.

(…)

Esta noche, en el Museo de Barquisimeto, tendremos los barquisimetanos la oportunidad de escuchar al autor de La veneración de las astucias. Borges nos convoca. 

FCC, Juan Nuño en el Museo.
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(Este artículo fue publicado en El Impulso, el 16 de marzo de 1990. Acompañaron a Juan Nuño en su conferencia, Rafael Arraiz Lucca, Gustavo Arnstein y Vicente Guerrero).

 

A veinte años de Juan Nuño


Juan Nuño
 
Hoy se cumplen veinte años de la ausencia de Juan Nuño, uno de los pensadores más lúcidos que he conocido. A su condición de filósofo de verdad unió la de fervoroso y magnífico escritor. En ambas puso su inmensa inteligencia y su firme conciencia de hombre libre.  

Venezuela, que durante algunos años leyó con interés sus artículos de prensa, no ha estimado todavía como se debe, la vigorosa calidad de sus aportes. Gracias a Ana Nuño, su hija, se han reeditado algunos de sus libros, como esos ensayos estupendos sobre la filosofía en Borges que siguen deslumbrando a sus lectores, borgeanos o no. También editó Ana un libro con aforismos y pensamientos polémicos de su padre: Nuño x Nuño. Ábranlo por cualquiera de sus páginas y encontrarán siempre una frase que nos interpela, aquí y ahora. Pero no es suficiente. La cantera Nuño nos sigue esperando con su asombrosa claridad y su beligerante vigencia. Así, para poner un ejemplo, hace unos minutos, me encontré con esta “píldora nuñera”, como diría Ana:
 

Un monstruoso Alzheimer colectivo parece apoderarse de las jóvenes generaciones, que no sólo son incapaces de recordar nada, sino que a cada instante tienen que reaprenderlo todo. Está bien creer que el mundo comienza con uno cuando se es joven, pero lo patéticamente grave es actuar como si de verdad sucediera así. Madurar es aceptar la carga de todas las memorias precedentes y sobre todo la formación de la propia.   

La dejo ahí.
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Recuerdo una visita de Juan Nuño a Barquisimeto, en marzo de 1990. Habló de la poesía de Borges en el Museo. Quienes acudimos esa noche a la capilla San Miguel, tuvimos el privilegio de oír a un Nuño fascinante que combinó sus dotes de filósofo, escritor y polemista en una intervención inolvidable. Sentimos de nuevo que su palabra, escrita o hablada, no daba cuartel, pero que nos trataba como si nosotros también fuéramos Nuño, cortesía, que, por cierto, tuvo también con sus discípulos, ante los cuales nunca posó de maestro, menos áun de gurú académico. Era amigo.
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De la estirpe de Bertrand Russell, Nuño compartía estas palabras del viejo Bertie:
 

Creo que la filosofía debe tratar de los problemas de los hombres, no de cómo personas estúpidas dicen cosas estúpidas.
 

Problemas de los hombres fueron los que siempre abordó Juan Nuño, para gusto de algunos y disgusto de otros. Hoy lo recuerdo con nostalgia y gratitud.

domingo, 26 de abril de 2015

Mont Everest, mon Everest


 
Domingo de nubes, a la espera del sol.  

Leo las devastadoras noticias de Nepal. Las réplicas han sido terribles y no menos espantosas que el temblor de ayer. Una, de 6,7 en la escala de Richter, provocó este domingo nuevos aludes en el Everest. Se deambula con el infierno en las pupilas.
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A veces la realidad nos desviste y nos deja a solas con eso que llamamos desde siempre fin de mundo.  

Recuerdo al poeta Acevedo y su Everest, para encontrar algún alivio: 

visito catacumbas iluminadas donde una ferviente resistencia se organiza…  

…invocamos en lenguas romances nuestros impulsos primigenios, entrañamos geografías remotas.  

Y en toda esta esperanza, este clamor, no hala sino el recuerdo de tu cima ardorosa, Everest mío. 

(Ángel Eduardo Acevedo, Mon Everest)

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Nepal es hoy el corazón del mundo.

jueves, 23 de abril de 2015

Una autorretrato para el Día del Libro


Retrato de Cervantes, por Juan de Jáuregui
 
Dos vueltas al parque y los turpiales. Vi cuando uno entraba al ramaje de un pilón, al noreste. Las del alba serían.
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El placer de leer el Quijote depara uno mayor: releerlo. También: vagar muchas veces por otros parajes cervantinos.  

Para recordarlo hoy, en su día, empiezo por su autorretrato. Está en un prólogo, uno de los más espléndidos que conozco: 

Este que véis aquí, de rostro aguileño, de cabello castaño, frente lisa y desembarazada, de alegres ojos y de nariz corva, aunque bien proporcionada; las barbas de plata, que no ha veinte años que fueron de oro; los bigotes grandes; la boca pequeña; los dientes, ni menudos ni crecidos, porque no tiene sino seis, y éstos mal acondicionados y peor puestos, porque no tienen correspondencia los unos con los otros; el cuerpo entre dos extremos, ni grande ni pequeño: la color viva, antes blanca que morena; algo cargado de espaldas y no muy ligero de pies. Éste, digo que es el rostro del autor de La Galatea y de Don Quijote de la Mancha, y del que hizo el Viaje del Parnaso, a imitación del de César Caporal Perusino, y otras obras que andan por ahí descarriadas y quizá sin el nombre de su dueño: llámase comúnmente Miguel de Cervantes Saavedra. 

(Del prólogo de las Novelas ejemplares, 1613)
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¡Feliz Día del Libro, del idioma y de Cervantes!

viernes, 3 de abril de 2015

Un político borgeano


 
Ocurrió hará unos 12 años. Entró a la librería. Saludó al dueño y al amigo con quien yo andaba y se fue directo al cafetín. No recuerdo si fue Juan Luis Mejía o el amable dueño de Biblos, quien me dijo, señalándolo: “Ese que allí va, político de izquierda, es el hombre que más sabe de Borges en Colombia”.  

Leí hace unos minutos que murió el martes pasado. Se llamaba Carlos Gaviria. Fue el gran presidente que Colombia no tuvo.
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(Borges sabe que los juegos de lo metafísico son solo eso: juegos estéticos que no conducen a la verdad sino a la gratificación. A la gratificación de esa misma naturaleza, a la gratificación que el hombre está exigiendo, más allá de su capacidad, de su idoneidad para conocer la verdad. Borges desconfiaba de la filosofía, yo diría, desconfiaba profundamente de lo que era su oficio, desconfiaba de la metafísica como proceso conductor generador de verdades. Creía en ella como juego encantador capaz de producir estados gratificantes, estados estéticos. Naturalmente quedaba una esperanza o queda una esperanza: que la belleza y la verdad sean una sola cosa. Pero, me parece, y creo que Borges también lo creía, que eso nunca podemos saberlo. CARLOS GAVIRIA). 

Honor a su memoria.
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P.S: Comparto un párrafo de la carta que William Ospina le escribió en el año 2006, cuando Carlos Gaviria fue candidato presidencial:  

A mí me gusta además la serenidad de su propuesta. Usted es un hombre elocuente, pero no lo atrae la oratoria tremendista que ya cumplió su papel en la historia de Colombia. Usted parece decirnos que es la hora de la fuerza tranquila, para refutar las prevenciones y los prejuicios, y para contrastar con todos los que creen que la violencia es la solución de nuestros problemas. Frente al actual presidente, irritable y autoritario, que siempre responde con una voz trémula, crispada y ceremoniosa, es importante que el discurso sea sereno, que no renunciemos a la firmeza pero tampoco a la cortesía, porque el colombiano, como decía Borges de los compadritos argentinos, aspira a la finura. Es proverbial nuestro respeto por el lenguaje, aquí se valora la elegancia de los gestos, y no hay mejor respuesta que la serenidad ante los energúmenos que todo lo manejan con rudezas e intimidaciones. Colombia debe aprender a ser una fuerza tranquila.